"Que las cosas estén en proceso de
transformación no es ningún mal, como tampoco es un bien lo que surge a partir
de esa transformación"
4.42.1 Marcus Aurelius (meditaciones)
Las orientaciones sexuales hablan el
lenguaje del ser, que es un tipo de lenguaje que identifica, define, clasifica,
ordena y sistematiza: ¿ Quién eres?, ¿ cómo eres? ¿ de dónde eres? ¿ por qué
eres? ¿ cuándo eres? ¿ cuánto eres?, ¿ qué eres?.
A través del lenguaje del ser construimos una
esencia que fácilmente puede ser reconocible y taxonomizada. Mediante esta
taxonomía podemos discernir una cualidad, una cantidad, un lugar y una modalidad
entre otras categorías del ser ya sea entendido como individual o grupal. De
esta manera, el lenguaje del ser nos lo pone fácil para saber qué se puede
esperar de une misme y de les otres. Esto también nos otorga una
posición-en-el-mundo así como cierta tranquilidad ante un caos aparente.
¿ Eres
bisexual? ¿ por qué no eres
pansexual? ¿ cuándo fue la última vez
que estuviste con una mujer? ¿ cuánto tiempo has sido bisexual? ¿ cuánto de heterosexual eres en porcentaje? ¿ serás también
bisexual si cambia el género de tu pareja?
Las respuestas que demos a estas preguntas
no son meramente descriptivas, son constitutivas ( performativas). Con ello
quiero decir que las respuestas que demos a estas preguntas no es que reflejen
una realidad dada sino que la respuesta misma crea una realidad a partir de la
cual tanto les otres como nosotres mismes esperamos una conducta específica.
Por ejemplo, a un hombre que responda que sí a la pregunta “¿eres bisexual?” y que
no se acueste con otros hombres se le preguntará además el porqué no lo hace, ya
que no estará respondiendo a las expectativas comúnmente adscritas a la
identidad bisexual que adopta; incluso él mismo puede llegar a plantearse su legitimidad
para identificarse con la etiqueta “bisexual”. Las expectativas ligadas a la
identidad adoptada están entre sí concatenadas en una madeja de tal manera que es
difícil renegar de una de ellas sin romper con la identidad misma.
El activismo bi identitario lo que hace, en
gran medida, es reforzar esa imagen fija de bisexualidad para que las personas
bisexuales puedan tener un lugar habitable y reconocible en el mundo con sus
paredes, su techo, su chimenea y sus camas. Este tipo de activismo lo que trata
de hacer es luchar contra la erradicación monosexista de las personas
bisexuales debido a una lógica binaria y opresiva.
Ya en el 2002, Miguel Arroyo
Fernández escribió sobre este problema en su texto “monosexismo y bifobia”:
“En Occidente
ocurre actualmente algo bastante intrigante: parece asumirse como algo evidente
que los seres humanos somos heterosexuales u homosexuales, categorías que, de
acuerdo con la concepción predominante, serían excluyentes entre sí excepto en
el caso de unos bichos raros, los bisexuales, que nadie sabe bien quiénes son ni dónde están”.
Contra este “que nadie sabe bien quiénes son ni dónde están” se ha alzado el
activismo bisexual normativo en los últimos años visibilizando lo
que entienden como realidad bisexual.
El problema es cuando el lenguaje usado para visibilizarse ( el lenguaje del ser) es un lenguaje estático que nos reifica como sujetos y no nos deja salir de los límites del mismo pese a que los límites adoptados puedan ser plurales.
El problema es cuando el lenguaje usado para visibilizarse ( el lenguaje del ser) es un lenguaje estático que nos reifica como sujetos y no nos deja salir de los límites del mismo pese a que los límites adoptados puedan ser plurales.
Contra este tipo de activismo me gustaría
hacer hincapié en un malentendido generalizado y en gran parte fomentado por un
positivismo incuestionado: el que el ser equivale al existir. Porque se puede
ser sin existir y existir sin ser, el equiparar el ser al existir puede
llevarnos a tener una vida inauténtica que también puede acabar en una alienación
y en un nihilismo donde las expectativas sobre la identidad que adoptamos nos
pueden constreñir en una asfixia determinista.
Asimilando el existir al ser, el lenguaje
del deseo, que es fundamentalmente poético y móvil, se ve reducido a aquellas
expectativas de la razón lógico-deductiva que intentan limitar el mundo a
parámetros categoriales entendibles y aceptables desde el estatismo del positivismo. Sin
embargo, no todes estamos constituides linealmente, parafraseando a Deleuze podríamos
decir que no todes somos un árbol con sus raíces su tronco y su verticalidad,
sino que algunes estamos cual rizoma que va añadiéndose y transformándose de
maneras múltiples e inesperadas.
La solución que planteo en base de esta
perspectiva no es el existir siendo
sino el existir estando de tal
manera que el énfasis no sea ya el ser, estático e identitario, sino el estar,
procesual y circunstancial. Las diferencias entre el ser y el estar que vemos
en algunas lenguas neolatinas como el castellano, el gallego, el catalán o el
italiano, son inexistentes en las lenguas que han dominado dentro del canon
de la historia de la filosofía occidental como el griego, el latín, el alemán y
el francés. Por eso, las personas que han desarrollado filosofía en estas lenguas
y se han aproximado a la diferencia ontológica representada por el ser y el
estar han creado su propio vocabulario y sus propias formas de expresión para
indicar dicha diferencia ( el Dassein alemán, la diferencia entre ipse e idem de
Ricouer, los aforismos de Nietzsche y Heráclito….)
Sin embargo, esta distinción dentro de la historia de la
Filosofía ha sido fundamental porque el estar no permite las mismas preguntas
que se le hacen al ser ya que responde a otro plano ontológico. Al estar no se
le pregunta “¿ De dónde eres?” ( suponiéndose un origen estático y
constituyente) sino ¿ dónde estás? ( que hace referencia a un aquí y a un
ahora). Así mismo, al estar no se le pregunta “¿cómo eres? (que es identitario y clasificador) sino ¿cómo estás?
( que, igualmente, hace referencia a un estado ).
Si para el ser el “de dónde se es”
determina el “cómo se es”, para el estar el “dónde se está” determina el “cómo
se está”. Esto no es otra cosa que es perspectivismo filosófico, la circunstancia misma sobre la cual
Ortega y Gasset escribió en sus meditaciones del quijote.
(diseño de Alfonso Casas Moreno)
En esta línea, la filósofa Maite Larrauri
en su libro “el deseo según Deleuze” ( Valencia 2000) nos comenta en referencia
a la filosofía de Deleuze:
“Asimismo,
cuando asumimos una identidad sujetamos el desarrollo de nuestra potencia de
vida a los deseos, a las ideas y a las formas de vida propias de esta identidad
(...). El yo personal se alimenta de estos deseos, ideas y formas y no deja que
prolifere nada que no esté de acuerdo con esta identidad. Estamos aprisionando
la vida… El devenir comienza cuando rompemos las líneas duras del ser.”
El “estar” nos abriría las puertas al
devenir deleuziano al que Larrauri hace referencia, un devenir donde no sabes quién eres y en el que tienes que experimentarte
en el estar. La aproximación rizomática de Deleuze al deseo rompe con todo el
paradigma taxonómico en el cual están encuadradas las orientaciones sexuales,
abriendo las puertas a lo que Karen Barad llamó la intra-acción y que se podría
ilustrar aforísticamente con la poética frase de Spinoza: “yo no
quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti”.
En un mundo donde el deseo se ha moralizado
tanto y donde gran parte del activismo bisexual es apologético: no somos tal,
no somos pascual, sí somos tal, sí somos pascual así como reificante, creo que
es importante reivindicar el estar como una forma de conectar con un mundo.
También porque las estructuras de poder y, aquí en concreto el monosexismo, hablan el lenguaje del ser sin entender el lenguaje del estar que no pueden codificar. Se podría decir que, de la misma manera que la taxonomía racial es un producto del racismo y no lo contrario, la taxonomía de lo que entendemos como orientaciones sexuales es también un producto de ciertas estructuras de poder, por ello la etiqueta "bisexual" es un producto del monosexismo y no anterior al mismo, así como las etiquetas "heterosexual" y "homosexual" son un producto del heterosexismo ( y del monosexismo).
También porque las estructuras de poder y, aquí en concreto el monosexismo, hablan el lenguaje del ser sin entender el lenguaje del estar que no pueden codificar. Se podría decir que, de la misma manera que la taxonomía racial es un producto del racismo y no lo contrario, la taxonomía de lo que entendemos como orientaciones sexuales es también un producto de ciertas estructuras de poder, por ello la etiqueta "bisexual" es un producto del monosexismo y no anterior al mismo, así como las etiquetas "heterosexual" y "homosexual" son un producto del heterosexismo ( y del monosexismo).
En un mundo estructurado por el monosexismo
lo difícil no es desear según las prerrogativas del monosexismo y el lenguaje
del ser, sino romper ese lenguaje y esas prerrogativas mismas y abrirnos a la intra-acción
del devenir. Según Spinoza, las personas somos conscientes de nuestros deseos
pero ignorantes de las causas que los determinan. Por ello, entender las causas
de nuestros deseos, el qué nos atrae y el qué no y el porqué resulta una tarea
fundamental para empezar a romper las líneas del ser y abrirlas al estar.
En
este proceso resulta importante tomar consciencia del papel que el monosexismo
juega en nuestras vidas como estructura de poder y aprender a convivir con él,
no ya desde el resentimiento conformista ni desde la negación engañadora sino
desde el reconocimiento de que el monosexismo como estructura de poder es parte
constitutiva de nuestras vidas y que hemos de buscar la felicidad allí donde
nuestro poder transformador rompa con los parámetros identitarios del
monosexismo establecidos a partir del lenguaje sistemático, clasificador y
jerarquizante del ser y así poder abrir las puertas a una coexistencia constitutivamente
intraactiva y colectiva en las diferentes formas del estar.
(diseño de Max)
(diseño de babs)
Me encanta leer tus artículos, ojalá continúes escribiendo :3
ResponderEliminar