domingo, 4 de febrero de 2018

Alacranes y Escorpiones




¿Qué diferencia hay entre alacranes y escorpiones y por qué resulta esta pregunta interesante en un blog sobre bisexualidad?

Las palabras que usamos pueden ser entendidas de dos maneras diferentes. Por un lado tenemos la visión positivista-esencialista que adscribe de una manera fija un significante a un significado y a un referente. Así cada palabra tiene su forma adecuada de ser escrita y pronunciada ( significante), un ente –abstracto o no - al cual hace referencia ( referente) y una definición válida de la misma ( significado). Esta visión positivista-esencialista no está muy interesada en genealogías ni en narrativas sino que se centra en una perspectiva objetiva,  única y generalizable no vinculada a cambios u otros aspectos contingentes. Cuando una persona te corrige tu forma de escribir porque desde su perspectiva has escrito una “falta de ortografía”, cuando una persona mira en el diccionario la “definición válida” de una palabra (para invalidar otras), cuando una persona niega a otra su identidad porque no se adapta a una definición “dada”…. esta persona está partiendo de esta forma positivista-esencialista de entender las palabras.





Por otro lado tenemos la visión constructivista que tiene en cuenta el origen y el devenir de las palabras así como sus contextos y relaciones. Dentro de esta visión constructivista la relación entre significante, significado y referente es contingente y las palabras pueden coexistir con sus fluctuaciones y desavenencias.

Desde estas dos formas de entender las palabras ¿qué diferencia hay entre bisexualidad y pansexualidad? Esta pregunta que yo creía ya zanjada hace muchos años parece ser que ha recobrado, una vez más, su vigor lo cual es un indicio de que el monosexismo, como estructura de poder, no solo nos constituye existencialmente ( ontológicamente) sino que también determina nuestra manera de entender y ver la realidad misma ( epistemológicamente). Por ello, mientras el monosexismo no sea superado por otro paradigma seguiremos hablando una y otra vez sobre los “problemas” que plantea el monosexismo sin encontrar respuestas concluyentes, porque el problema es el monosexismo mismo.

Por eso aquí estamos de nuevo en un punto muerto. Las personas que no nos identificamos como monosexuales tenemos una maldición que nos sigue tácitamente. La maldición consiste en que no solo nuestra identidad, no solo nuestra subjetividad, no solo nuestros deseos eróticos y nuestras formas de crear un vínculo afectivo con otras personas son invalidadas y erradicadas sino que también todo aquello que construyamos en su base es destruido por el monosexismo . El monosexismo tiene un carácter holístico y afecta, en consecuencia, a todos los aspectos de nuestra creación y devenir existencial. Mientras sigamos en las fauces de su paradigma todos sus mecanismos psíquicos de poder nos harán siempre volver a un punto muerto: borrón y más de lo mismo.

Una definición positivista-esencialista de la bisexualidad  y de la pansexualidad podría ser que la bisexualidad es la atracción a dos géneros o sexos mientras que la pansexualidad es la atracción a las personas independientemente de su género o sexo. Detrás de esta definición hay un claro sesgo monosexista que vincula de una manera necesaria la atracción de las personas a géneros o sexos. En realidad hay varios factores que juegan un papel importante en la atracción que sentimos hacia otras personas más allá del género o el sexo como, por ejemplo, la empatía, la complicidad, el color de unos ojos, la intensidad de una mirada, el olor, la estatura, la sonrisa, el volumen corporal y un largo etcétera. Para las personas monosexuales todos esos factores van adscritos a un género o sexo mientras que para las personas no monosexuales no necesariamente. Presuponer que la atracción entre personas tiene una base que es el género o el sexo es reducir la atracción a un discurso biologicista de origen religioso. El razonamiento es tan básico como el siguiente: Las personas se pueden dividir entre hombres y mujeres, no porque lo diga la biología ( que lo desmiente) sino porque lo dice la religión ( Adam y Eva). Ya ahí partimos de una premisa religiosa incuestionada que justificamos de una manera pseudocientífica con un discurso biologicista. Los hombres son hombres, entre otras cosas, porque les gustan las mujeres y viceversa. Esto lo podemos ver al fijarnos en los genitales mismos de “ambos” sexos que se complementan de forma “natural”.

De esto se deriva la idea de que nos reproducimos simplemente por instinto; lo demás es ir “contra natura”. Presuponer que las personas tenemos una especie de ciclo estral y un instinto reproductivo es, de hecho, un error bastante grave porque si la sexualidad de las personas se define por algo es precisamente por carecer de ciclo estral y de instinto. Querer echar un polvo con alguien no tiene nada que ver con un “instinto”, sino que hay otros factores que tienen una función erótico-determinante; de la misma manera querer “reproducirse” ( o tener hijes) no está en absoluto vinculado con una orientación sexual determinada.





Bueno, pues todo esta patraña que no tiene ni pies ni cabeza más que para justificar privilegios y opresión es lo que todavía se acepta como base a la hora de hablar sentimientos, atracción, libido y otros aspectos de la vida emocional y erótica de las personas bisexuales: nos gustan dos géneros/sexos o todos los géneros/sexos o las personas independientemente de los mismos. Si no entendemos la bisexualidad dentro del paradigma monosexual, si seguimos diciendo que la bisexualidad transciende o cuestiona el paradigma monosexual estaremos cayendo una y otra vez en el mismo error porque aunque el activismo antimonosexista lucha, obviamente, contra el monosexismo no puede ser tampoco entendido fuera del mismo

Vayamos ahora a los alacranes y a los escorpiones. Dentro de todas las palabras que habitan en el castellano tenemos la palabra “alacrán” que es una palabra que viene del árabe hispánico (al‘aqráb عقرب) pero el castellano también dispone de la palabra escorpión proveniente del latin ( scorpio/onis). ¿ Cuál es la diferencia entre alacrán y escorpión? Esta pregunta podría bastar para que se escribiesen artículos y se desarrollasen investigaciones al respecto si no captamos desde un primer momento la trampa epistemológica que lleva implícita. Hasta 1613 tanto alacrán como escorpión hacían referencia al mismo animal en dos lenguas que cohabitaban en un mismo territorio peninsular: castellano y árabe. Aunque se hubiera perdido el árabe hispánico en la península ibérica a principios del siglo XVII la palabra “alacrán” se conservó en el acervo lingüístico del castellano ( como en el del catalán “alacrà” y en el del gallego “alacrán”) en condiciones iguales que el término latino “escorpión.” Ello hizo que el mismo animal se denominase de dos maneras diferentes o, en términos lingüísticos, que dos significantes o conjuntos de letras y su imagen acústica compartiesen un único significado y referente. A este caso podemos añadirle el de otras palabras como neumonía y pulmonía, migraña y jaqueca, odontólogo y dentista, aceituno y olivo o ajonjolí y sésamo. Su diferencia radica, al igual que en el caso de escorpión y alacrán, en que la lengua de origen es diferente mientras que el significado y el referente ( el ente referencial) es el mismo. O sea que son términos sinónimos.

A todas estas palabras mencionadas podríamos añadir el dúo bisexualidad-pansexualidad no ya porque provengan de dos idiomas diferentes ( aunque en principio bisexualidad tiene un prefijo latino y pansexualidad uno griego) sino porque estas palabras no tienen un significado y un referente necesariamente diferenciado sino contingentemente diferenciado, es decir, que puede darse el caso o no de que su uso sea sinónimo. Todo depende de si partimos de la idea positivista-esencialista de que a cada significante le corresponde un significado y un referente o la constructivista de que no. Por eso todas las discusiones basadas en un ámbito o nivel de definiciones se entienden mejor si damos un paso atrás y las vemos desde sus parámetros epistemológicos. ¿ Son positivistas-esencialistas? ¿ Son constructivistas?

Al monosexismo en su lógica binaria con la que opera le viene muy bien enfrentar bisexualidad con pansexualidad porque así se separa y desestabiliza la lucha plurisexual obligándonos a aceptar el paradigma binario monosexual, incluso, para autodefinirnos.

Pero entonces ¿hay alguna diferencia entre pansexualidad y bisexualidad? El problema en parte radica cuando entendemos nuestra existencia reducida en definiciones que solo hablan el lenguaje estático del “ser”: La bisexualidad es X mientras que la pansexualidad es Y. De esta manera olvidamos un valor ontológico que cohabita con el “ser” y que resulta fundamental para todo grupo minorizado para su supervivencia que es el del “estar”. El estar supone el devenir, lo que se construye conjuntamente, el compartir, la empatía y la porosidad. Nos gusta estar solos pero también buscamos la compañía con el otro en el estar. Desde una perspectiva del estar más que del ser podemos ver otra forma de entender la bisexualidad y la pansexualidad no ya como categorías separadas y enfrentadas ya sea desde un punto de partida positivista-esencialista o constructivista sino como el producto autodefinido de una colectividad construida por procesos políticos en donde el afecto, el cariño, la solidaridad y ciertos referentes comunes establecidos por una opresión compartida juegan un papel generador.

Desde ese valor modal del “estar” las palabras pueden cobrar un significado nuevo en tanto que voz de una colectividad. Entonces es la colectividad la que define la palabra y no la palabra la colectividad. En castellano, por ejemplo, hay dos palabras para referirnos al día después del sábado y antes del lunes. Tales palabras son domingo o día del señor ( del latin domine dies) o alhát que viene del árabe “uno” al ser el primer día de la semana ( en portugués el martes ya es el día segundo o segunda-feira). La palabra “domingo” no es usada, por ejemplo, en judeoespañol o ladino. De la misma manera, la palabra para hacer referencia a la divinidad monoteísta también tiene dos formas en castellano. Los cristianos, y los descendientes de los mismos secularizados, usan la palabra dios que hace referencia al dios como ente plural ( la trinidad), mientras que los judíos usan la palabra dio en singular y, en general, con el articulo determinado delante. Cuando los judíos recitan la Shemah mencionan “dio es uno”. Pues bien, esto nos ilustra que diferentes grupos de hablantes resimbolizan y resignifican diferentes términos e incluso crean nuevos de acuerdo con sus necesidades propias precisamente porque la realidad es percibida de forma diferente. De esta forma vemos que las palabras no tienen una definición intrínseca sino que son las personas las que otorgan a estas palabras de significado por afinidad entre ellas mismas y como forma de visibilizar una colectividad. Hay personas pansexuales que entienden su subjetividad afectivo-sexual como diferente a la de las personas bisexuales y viceversa.

Las palabras pueden evolucionar su significado también. Por ejemplo, lo que antiguamente era un “salario” ( término originariamente relacionado con el pago en sal) no es lo que se corresponde con lo que en general se entiende con ese término hoy en día. También podría mencionar que una oca ( del latin auca), en principio, es el mismo animal que ganso ( del gótico gans); sin embargo, con el tiempo el uso de ambas palabras se fue diferenciando lo que hizo que ahora, en determinados registros,  tengan un significado diferente. Por ejemplo, en general se entiende que la oca es un ganso domesticado y que un ganso es una oca silvestre. Las palabras han de ser entendidas dentro de una narrativa que una mera definición no puede abarcar porque las definiciones frenan y fijan. Lo que una persona puede entender como bisexual y pansexual hoy no es quizá lo mismo que esa persona entiende mañana como bisexual y pansexual. En su devenir los términos pansexual y bisexual pueden acercarse o alejarse dependiendo de las circunstancias dadas. Precisamente por eso podemos encontrarnos con personas pansexuales que entiendan su subjetividad afectivo-sexual como más afín a cómo la entienden ciertas personas bisexuales que otras pansexuales y viceversa. En estos casos las definiciones estáticas no hacen otra cosa que alienarnos de nosotros mismos.

Por ello, a la hora de entender la bisexualidad y la pansexualidad implica un esfuerzo para aproximarnos a cómo entendemos, sentimos y percibimos las personas no monosexuales nuestra subjetividad afectivo-sexual. De un lado esta la parte personal, por otro la parte comunitaria y por último la parte narrativa de nuestro devenir identitario, si es que queremos entenderlo en términos identitarios que no es necesario.

Así a la hora de entender la diferencia entre la bisexualidad y la pansexualidad habrá que tener en cuenta las siguientes perspectivas:

1)     Positivismo-esencialismo y constructivismo
2)     Valores ontológicos del ser y del estar
3)     Narratividad.

Una vez que te plantees estas preguntas y busques sus respuestas y que respetes el derecho de autodefinirse de cada persona plurisexual pues podrás acercarte y conocer un poco más no ya las definiciones abstractas sino la propia existencia de las personas plurisexuales desde nuestra propia realidad y podrás entender que pansexualidad y bisexualidad pueden ser sinónimos o no dependiendo del momento, la situación, la persona, la colectividad y la historia que haya detrás. ¿ Todavía no queda claro? Volvemos al punto muerto de nuevo. Solo cuando reconozcamos y valoremos la realidad como ineludiblemente plural y contradictoria podremos empezar a aproximarnos a una respuesta sobre esta cuestión que nos resulte satisfactoria.

domingo, 22 de enero de 2017

La producción del conocimiento queer/bisexual en España desde una perspectiva crítica situada.



La producción del conocimiento queer en España desde una visión crítica bisexual

Nota: Artículo escrito en masculino genérico desde un conocimiento situado. El término “España” en el texto responde a una comunidad imaginaria a la cual se pueden adscribir o distanciar diferentes subjetividades. 

Empecé a estudiar Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid allí en 1998 después de haber estado un mes de Inter Rail solo por toda Europa. La experiencia fue tan horrible que de ahí decidí cambiarme a la UAM y finalmente irme de erasmus a Dinamarca.

El panorama educativo que me encontré en la universidad española era de profesores que dictaban apuntes, alumnos que no hacían casi preguntas en clase y que prácticamente sacaban las asignaturas sin leer un libro, claro, a menos que fuese un libro escrito por el profesor de turno que ese sí que había que leerlo pero, sobre todo, comprarlo. Era como estar en la Universitas de la Edad Media donde los ”comentarios a” – del profesor- eran quizá más importantes que la obra original misma; y ojo con no estar de acuerdo con el profesor porque entonces corrías el riesgo de catear. Si sabías seguir las normas del juego pues se te retribuía con una buena nota, cosa que yo, en un primer momento, quise aprovechar absorbido en toda esta dinámica.

Según iba a clase me daba cuenta de que se juntaba un ambiente estudiantil donde la gente en vez de ir a clase, muchas veces, se pasaba las horas haciendo otras cosas. Allí se hablaba de todo menos de filosofía y muchas veces tenía la impresión de que la gente iba a la facultad para pasar el tiempo, lo cual me molestaba porque no veía la pasión que yo sentía en otros, al menos en quien me rodeaba en primero y segundo de carrera.

Cuando llegué a Dinamarca la historia era totalmente diferente. Aquí la gente sí que hacía muchas preguntas en clase, lo que decía el profesor no importaba tanto, es más, estaba bien visto estar en desacuerdo con lo mismo y tuve la impresión de que la gente realmente estudiaba una carrera porque le interesaba la carrera en cuestión y no por hacer algo sin más. También hay que decir que en Dinamarca empieza la gente a estudiar en la universidad a los 23 o 24 años, cuando en España muchas veces se termina a esa edad. En Dinamarca te puedes independizar a los 17 o 18 años mientras que en España eso es prácticamente imposible, más aún si quieres continuar estudiando, lo cual puede determinar qué tipos de motivaciones se tienen para estar en la universidad.

Además en Dinamarca, la nota de corte de filosofía es una de las más altas de todas las carreas universitarias mientras que en España es una de las más bajas, lo cual influye en el público que atiende las aulas y claro, también tengo que reconocer que hay una gran diferencia entre quien te encuentras en los primeros años de carrera y últimos.

En todo caso, me acuerdo que yendo a la autónoma se veía claramente quien iba a la facultad de filosofía y letras y quién a la de económicas ( que estaba al lado), mientras que en Dinamarca mucha gente que va a la carrera de filosofía tiene indumentaria e ideología de derechas, estando esto también relacionado con el tipo de filosofía que se enseña aquí: analítico-positivista. El caso es que en Dinamarca no hay carteles en las facultadas, manifestaciones o eventos críticos fuera de las aulas o asociaciones estudiantiles como sí había en España y esto responde a que las tradiciones pedagógicas son muy diferentes en un lugar y otro tanto por el contenido formal, como el sujeto-objeto de aprendizaje así como en al ambiente universitario y la situación histórico-político-social.

La forma de enseñar, aprender y de compartir conocimiento en España está en un grado muy elevado marcada por lo que se entiende como ”pedagogía instruccional”, que es un tipo de pedagogía donde el docente elige los contenidos y el alumno es mero receptor pasivo cual botella que es llenada de conocimiento. La evaluación se basa en medir el conocimiento acumulado, generalmente en escalas numéricas. Ante este tipo de corriente pedagógica donde le profesor habla y el alumno escucha tenemos la pedagogía humanista que parte de las necesidades y tempus propio de los alumnos y la pedagogía crítica cuyo objetivo no es enseñar el mundo tal y como es, sino proporcionar herramientas de cambio.

La pedagogía instruccional y el positivismo tan patente en la educación española determinan las ideas que florecen en tal sistema. Si vemos la situación desde una perspectiva histórica, podemos ver que el krausismo, por ejemplo, en cuyo seno encontramos el proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, estuvo en gran medida basado en una interpretación sesgada de la filosofía de Karl C. F. Kraus cuya reinterpretación del alemán Heinrich Ahrens fue traducida por Navarro Zamorano al castellano y a su vez reinterpretada por Julián Sánz del Río y por Francisco Ginés de los Ríos. De la misma manera, podemos ver que Miguel de Unamuno se permite criticar la filosofía de Nietzsche en su Del Sentimiento Trágico de la Vida, aun reconociendo no haber leído en profundidad sus obras; parecidos errores interpretativos de la obra nietscheana los vemos, por ejemplo, en la filosofía de María Zambrano, por ejemplo en su Poesía y Filosofía. Esto no evita que dentro del panorama filosófico español, el krausismo, Valle Inclán y Zambrano sean referentes fundamentales y se creen estatuas y se nombren estaciones de trenes en su nombre, todo pompa y nacionalismo más que otra cosa.

Uno de los problemas fundamentales dentro del panorama educativo actual en España es que prácticamente nadie lee en inglés, francés, italiano, alemán u otras lenguas, llamémosles “extranjeras”. Todo pasa por el filtro de, sobre todo, el idioma castellano, sus traducciones y la impronta que el traductor de turno decide poner. Hay diferentes libros de filosofía como “la justicia y la política de la diferencia” de Iris Marion Young o diferentes libros de Butler que en castellano pierden gran parte de su significado original por no decir, por ejemplo, las obras de Kirkegaard donde hay pasajes enteros inventados en su traducción castellana. La traducción al castellano no sólo tiene un efecto en el qué se lee ( un refrito) sino el cuándo se lee. Por ejemplo, a pesar de que Monique Wittiq escribió “el pensamiento heterosexual” en 1980 en los últimos años he visto que a partir de su última edición en castellano del 2010 han proliferado charlas y ( libros) sobre la idea de que “las lesbianas no son mujeres”, todo esto 30 años de que Wittiq publicase su libro y de una manera totalmente descontextualizada y muchas veces promoviendo monosexismo.

Esto permite a las 4 personas que traducen del inglés/francés ( o que ponen su nombre en la traducción) marcar un poco el qué es la actualidad política dentro del colectivo LGTB y movimiento queer, por no mencionar ya el caso de Paul Preciado que viviendo en Francia y publicando mayoritariamente en francés se ha hecho el gurú de la teoría queer en castellano, aunque no creo que en castellano hay teoría queer propiamiente hablando; lo que ha escrito Preciado es más bien un sucedáneo de Derrida-Foucault-Butler que cualquier persona un poco al día en filosofía continental puede ver que no es tan subversivo a pesar de su forma y vocabulario. El caso es que en España lo que se publica fuera del país y en otro idioma ( sobre todo si es otro idioma colonialista y opresor) vale más que lo producido allí.

El caso es que en este panorama, donde la gente lee en castellano cosas que otros interpretan, y que traducen cuando creen conveniente pues también la gente se suele quedar con cuatro frases decontextualizadas a partir de las cuales vertebra cierto “activismo” y que como se repiten en charlas, asambleas o discusiones de tú a tú se van reificando y reforzando cual dogma. Hay numerosos casos que podría nombrar dentro del movimiento queer como el cómo se ha instrumentalizado la teoría queer para fomentar el monosexismo y crear una identidad “transmaribollera” hiper-identitaria definida en términos de culos, coños y demás términos, por lo general, biologicistas y reduccionistas de la sexualidad humana, más propios de la segunda ola del feminismo que de lo que se cuece ahora en otros lugares.

Sin embargo, creo que aquí – en este blog- es importante mencionar los problemas que yo veo que ha hecho el activismo bisexual, porque el blog trata de la bisexualidad y si me pongo a escribir de las cagadas monosexistas, pues este texto tampoco acabaría.

El activismo bisexual celebra cada 23 de septiembre el día de la bisexualidad. Por qué? Bueno, pues parece ser que alguien ha oído que ese día se celebra en otros sitios del planeta ( o sea EEUU) y es porque ese día nació Freud y una persona habrá tenido la curiosidad de desinformarse en Wikipedia de que fue Freud quien inventó el término bisexualidad y ya….. confeti y banderas, el activismo identitario en éxtasis: Tenemos un día para reforzar nuestro SER colectivo, para BISIBILIZARNOS.

Total, que como un soniquete se repite año tras años que en el 23 de setiembre se celebra el día de la bisexualidad porque Freud blah blah blah. El caso es que no fue Freud el que empezó a escribir sobre bisexualidad sino Wilhelm Fliess, que escribió sobre una bisexualidad innata, termino que plagió Freud para basar su teoría psicoanalítica donde la bisexualidad era un estado innato-latente pero nunca algo presente salvo en personas con “hermafroditismo psíquico”. Freud basó gran parte de su teoría psicoanalítica en el darwinismo y en la idea, iniciada por Alekander Kovalevsky, de que el “hermafroditismo” ( concepto científico-histórico) indicaba un lugar bajo en la escala evolutiva, como podemos ver en el caso de las ascidias. A más evolución más monosexualidad según esta gente y ,claro, la evolución es lineal, teleológica y fantástica, o sea un calco de la historia monoteísta que entiende el tiempo en un progreso desde el génesis al apocalipsis, para que luego antepongan ciencia-religión, cuando lo primero suele ser una reproducción de los presupuestos de lo segundo.

La paciente sobre la cual Freud escribió más sobre bisexualidad fue Dora. En su “tres ensayos sobre la teoría de la bisexualidad” Freud intentó crear una teoría basada en la idea de que Dora estaba enamorada de un tal Herr K ( señor K) , cuando en el fondo Dora estaba enamorada de la mujer del tal Herr K, Frau K ( la señora K); pero nada, Freud empeñado que la tal Dora estaba enamorada de Herr K lo cual hizo que su investigación en este caso se fuese al garete. También las interpretaciones que hizo Freud sobre los sueños, como el del hombre lobo de Odessa, estaban marcadas por un gran grado de heterosexismo, machismo y monosexismo así como malentendidos por doquier. Por ello, parece mentira que se celebre el 23 de septiembre el nacimiento de Freud, una persona totalmente monosexista y que, por cierto, tampoco fue la primera que habló de bisexualidad en absoluto, pero esto le da igual al activismo identitario.

Hay un vínculo entre decir que la bisexualidad es la atracción a “hombres y mujeres” y también es “hermafroditismo”. Ambos términos problemáticos e intersexfóbicos, pero ahí está un poco su razón de ser. La bisexualidad fue pensada como una representación psíquica de un elemento somático “primitivo” como el de las ascidias de ahí que bisexualidad hace referencia tanto a una materia como a una subjetividad. Pues bien, el activismo bi normativo malinformado ha querido promover que en la RAE se quite la definición de “hermafrodita” bajo el término bisexual porque es “errónea”. Bueno, el activismo bi malinformado no, una asociación que no hace apenas activismo bi crítico y busca figurar. El razonamiento de esta gente es que el término de la RAE es bifóbico y habría que eliminarlo; pero claro, eliminando esa acepción se erradica una parte de la historia del movimiento bisexual, su genealogía y las incongruencias que residen en la base de toda identidad también en la incongruencia propia del término heterodesignado “bisexual” que, como “homosexual”, tiene un origen dentro de un discurso patológico. No opino que haya que lavar la imagen de las etiquetas que usamos para identificarnos y menos aun cuando parten de un discurso clínico y biologicista, sino desenmascarar todas las complejidades de su genealogía, sobre todo si nos las vamos a reapropiar tenemos que hacerlo de una manera informada.

Otro caso interesante es “la definición de bisexualidad” que la gente suele repetir como un soniquete y de memoria, es decir que “la bisexualidad es la atracción a uno o dos géneros, no necesariamente a la vez ni con la misma intensidad….. “ zzzzz…..bueno, el caso es que esta “definición” se le ocurrió a una tal Robyn Ochs y para cuyo libro “getting bi” yo escribí un texto hace más de 10 años. No sé cómo llegó esta definición a España, creo que hablamos de ella Elena, Xurxo y yo en el bicon de 2010 y decidimos “importarla” porque en ese año tenía sentido. El caso es que poca gente activista bisexual se preocupa en contextualizar esa “definición” y mucho menos en ver lo problemática que es. Por ejemplo, tal definición pone la atracción a géneros en el centro de la orientación sexual misma privilegiando y reproduciendo, de esta manera, el paradigma monosexual que reduce la atracción a géneros. En las jornadas desorientadas en abril del año pasado en Madrid se criticó esta definición y lo hicieron activistas antimonosexistas, sin embargo para la mayor parte de la gente esta definición es incuestionable como cuando la peña monosexista va por ahí balando que “bisexualidad significa dos” como si fuese una verdad así porque sí. Estas posturas más que revolucionarias y subversivas tienen un carácter altamente dogmático y positivista ya que dan privilegio a una autoridad que produce un pensamiento único y, además, parten de la premisa de que las palabras reproducen una realidad unívoca que nos transciende.

Realmente todas estas cosas me han llevado a cansarme cuando escribo en castellano, hay cada vez menos motivos para expresarme en esta lengua, al menos desde una perspectiva política postestructuralista y dado el contexto donde vivo, aunque haya gente con la que sí merezca la pena debatir y discutir y aunque haya algunos pocos textos interesantes y originales producidos en este idioma como los que veo en Reflexiones Degeneradas. El problema es también que gran parte de los textos producidos en castellano ( véase el fantástico – creo yo - blog de Lille Skvat) curiosamente llegan a tener un impacto ( también en España) cuando son re-interpretados y publicados en inglés. Por ejemplo, el “paraguas bisexual”, término que se le ocurrió a Lille Skvat llegó a ser conocido, sobre todo, cuando S. Eisner lo plagió en inglés; y claro, ya el activismo normativo bisexual en España hablando del paraguas bisexual a bombo y platillo, mientras que Lille Skvat ya ha escrito que no le gusta para nada ese término ya y encima ha habido bastantes críticas sobre el mismo de gente pan y bi no normativa/anti identitaria. Incluso, para más inri, hubo hace poco un número del Journal of Bisexuality que trataba específicamente del “paraguas bisexual” así como si hubiese surgido ex nihilo.

Conclusión: Como sigan así las cosas nos van a quedar estructuras de poder para un buen rato, reproducidas por gente que yendo de subversiva básicamente lo que hace es reforzarlas porque nuestro subconsciente mismo viene determinado por ellas.
DCCD
Deconstruye-Critica-Crea-Destruye